Mi vida apresurada
Siempre ando apurada. Ante los ojos equivocados, tengo una vida agitada y desordenada. Desde mi perspectiva, mi mente y mi cuerpo sintonizan frecuencias completamente diferentes, lo que genera que el tiempo sea algo subjetivo para mí.
Hace algunas semanas, mientras me dirigía en Uber a mi empleo por la mañana, llevaba los minutos justos, como suele ocurrirme habitualmente. De pronto, para mi mala suerte, un vehículo nos chocó por alcance.
El accidente movió bruscamente mi cuerpo e hizo que uno de mis celulares cayera al suelo del carro.
El chofer me preguntó si estaba bien. Yo, preocupada por llegar a mi trabajo, le respondí que sí, sin pensarlo demasiado. Traté de conseguir otro vehículo, ya que en el que iba, debía quedarse y ver lo del seguro.
Ante la falta de conductores y la cercanía de mi oficina, decidí irme caminando al paso más veloz que mi pésima condición física me permitió.
Nunca fui al doctor porque, teniendo dos empleos, no encontré espacio en ningún día para hacerlo. Mi cuerpo pasó factura. El cuello y espalda me dolieron toda la semana. Malamente, me improvisé medicamento desinflamatorio y para el dolor, y... ¡seguí funcionando!
Todo este relato para reflexionar: ¿es real esta vida apresurada que llevo? Una en la que, si sufro un accidente de tránsito, no tengo el tiempo de quedarme a que me revisen médicamente. O si siento malestar físico, no encuentro espacio en mi maldita agenda para ir rápido al doctor.
Entre tantos pendientes de mi día, ¿en qué lugar me estoy dejando a mí misma? ¿Te has hecho esa pregunta tú? Estamos para los demás, para nuestro trabajo, nuestra familia, para los amigos, pero, ¿estamos para nosotros mismos?
Hace poco le dije a una persona que nadie va a amarlo ni a cuidarlo si no lo hace él mismo primero. Creo que debí escuchar mis propias palabras.
"La elegancia del erizo", de Muriel Barbery, es el libro que me puso a sobrepensar todo esto. Entre sus páginas encontré personajes que, en medio de rutinas aparentemente ordinarias, descubren que la vida también ocurre en las pausas, en los instantes pequeños, en aquello que solemos aplazar porque creemos que no es urgente.
Rescato con brillitos esta frase icónica de la novela: "Quizás estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren".
Es que, no sé a ustedes, pero a mí me da todo el sentido. Porque la vida seguirá corriendo. Los pendientes nunca terminarán. Y sería una tristeza inmensa descubrir, demasiado tarde, que estuvimos presentes para todos... menos para nosotros mismos.
¿No lo creen?
A mí me encuentras en redes sociales como: @PrimaveraFraijo.