por Primavera Fraijo
23/07/2026 17:56 / Uniradio Informa Sonora / Columnas / Actualizado al 23/07/2026
Las causas perdidas siempre han sido lo mío. Sobre todo, cuando se trata de personas. Tengo un complejo de salvadora que, hoy en día, creo que habla más de mis ganas de rescatarme a mí misma.
Y no me malinterpreten, está bien ser empática. Pero cuando una excede la barrera o cuando está ayudando a quien no quiere ser auxiliado, eso resulta en un terrible desgaste mental.
Antes de apoyar a cualquier otra persona, primero tienes que estar bien tú. Es una regla básica que incluso la mencionan en los aviones: Previo a ponerle la mascarilla a un niño, colócatela tú.
Y amo dar ese tipo de consejos, pero, ¡qué complicado me resulta seguirlos!
Soy un imán de las personas rotas. Y de los narcisistas ni se diga. Cuando se mezclan esas dos características, mi afán de superheroína termina lastimándome.
En pandemia, me topé con un libro llamado Boulevard, de Flor M. Salvador, una escritora que emergía del fascinante mundo de Wattpad y que rápidamente se convirtió en un fenómeno literario.
Esa novela abraza la idea que les comento. Una relación compleja entre dos jóvenes. El protagonista está muy sumergido en el drama, el dolor, el duelo, las adicciones... ella, entonces, llega a su vida como un rayo de luz.
¡Claro que enganché con la trama! Vi un espejo en ella.
Además, es de esas historias que las hacen tan reales que las lágrimas estuvieron presentes hasta la última página. ¡Cómo me hizo llorar este libro!
Entenderán la emoción que sentí cuando me enteré que realizaron una adaptación cinematográfica. Y encima el guionista encargado fue Javier Ruescas, un escritor español que admiro mucho.
Lamentablemente, mi fanatismo lector quedó decepcionado y hasta incómodo con la película. Un mover escenas y diálogos. Eso sí, igual lloré. Pero me quedó a deber demasiado.
El amor no cura adicciones, no remienda traumas ni salva a quien ha decidido perderse. El acto de amor más grande no es quedarse intentando rescatar a alguien, sino aprender a soltar. Y, de paso, elegirnos a nosotros mismos.
Si todavía no leen la novela, háganse ese regalo. Puede ser que, entre sus páginas, encuentren una lección que a mí me costó años entender: no todas las causas perdidas están esperando ser salvadas.
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