12/01/2026 19:31 / Uniradio Informa Sonora / Columnas / Actualizado al 12/01/2026
Por @chefjuanangel
"Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores..."
Acomodadas frente a San Juan, en varias sillas de madera con asiento de vaqueta, estaban las hijas del Campanero y la Isidora de Gonzalo cantando las últimas Ave Marías del Rosario.
"Es que así surte más efecto el rezo y es más elegante", decía la Chica de Che, dueña de la casa, anfitriona y fiel devota de San Juan.
Enseguida de las afinadas cantoras, estaba Pedro de la Chapa, sosteniendo con sus dos manos un clarinete que tocaba como los mismísimos ángeles. Siempre llegaba bien planchadito, con camisa de cuadros y sombrerito de palma a los mejores y más populares rezos de la Capital del Mundo.
-Chica, ¡aquí te traigo el encargo!
De pronto, el clarinete desafinó notablemente cuando Teodoro ingresó al corredor donde estaban cantoras y rezadoras.
-¡Una disculpa!, aquí se la voy a dejar a un ladito- Teodoro dispuso la caja de madera junto a la puerta.
-¿Ya viste? Llegó Teodoro con la caja en que la Chica de Che.
-¿A poco? ¡Vamos!
-¡Deja pedirle dinero a mi amá!
En segundos, se corrió como pólvora la noticia de que Teodoro había bajado la caja de su pick up para entregársela a la Chica.
"Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo..."
-Chicaaaa, ya estamos formados- gritó un chamaco desde la banqueta.
La Chica arqueó la ceja y la Licha aceleró el rezo para terminarlo en un santiamén.
Después de ofrecerles galletas a las creyentes ahí reunidas, la Chica corrió por la caja de madera. Medía un metro de largo y tenía una aldaba que sujetaba la tapa con la caja.
-Subámosla a la mesa- dijo la susodicha mientras la levantaba con ayuda de Pedro de la Chapa.
Cuando abrió la tapa, se amontonaron los chamacos que hacían fila para asomarse por la ventana de la cocina.
-Mira qué hieloteee- exclamó Nacho, uno de los más pequeños.
Era junio de 1965, mes en el que comenzaron a llegar las primeras barras de hielo a la Capital del Mundo, dentro de cajas con aserrín, lo que ayudaba a conservarlas por más tiempo ante la falta de electricidad; de tal forma que la Chica de Che ofrecía raspados de vainilla durante sábado y domingo a 50 centavos el vaso.
La Chica raspaba manualmente la barra de hielo con un artefacto de aluminio, pasaba el contenido a un vaso de aluminio color rojo y vaciaba un chorro de jarabe de vainilla que guardaba en un galón de cristal. Luego le metía una cuchara de peltre.
Quien compraba un raspado debería comerlo ahí mismo para regresar el vaso, además, no había popotes, así que debían sorber el líquido por el borde.
Se dice que los raspados datan del siglo V a.C., en la antigua Grecia se preparaba hielo picado con alguna fruta. Después, en el siglo VIII, los árabes arreglaron la fórmula al añadir jugos de frutas al hielo picado.
Chef Juan Ángel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.