16/02/2026 16:22 / Uniradio Informa Sonora / Columnas / Actualizado al 16/02/2026
Por @chefjuanangel
-¡Chatita! ¿Qué estás haciendo aquí?
-¡Estoy esperando, mamá!
-¿Qué estás esperando, vida mía?
Eran las 6:30 de la mañana y "La Chata" estaba sentada sobre una olla dispuesta boca abajo sobre el piso de cemento de la cocina.
Con sus ojitos llenos de ilusión, tenía la mirada fija sobre el mueble de madera colocado en una esquina de la cocina junto a la estufa.
-¿Y cómo a qué hora van a llegar los invitados, mamá?- dijo la pequeña de 7 años.
-¡Ay, Chatita, a penas vamos a desayunar!, y después empezaremos a preparar la comida- contestó su madre mientras daba forma a unas tortillas que aventaba sobre el comal.
Ese día, la hija más pequeña de María Luisa no se despegó un segundo de la olla donde estaba sentada. Desde ahí, miraba la cerradura que aseguraba la puerta de cristal de ese mueble que parecía un trastero a medio terminar.
-Mamá, ¿y dónde está la llave del mueble? ¿A qué hora lo vas a abrir?- dijo ansiosa.
-Pues, cuando lleguen los invitados.
"Clan, clan, clan"
Las campanas de la Iglesia repicaron una y otra vez anunciando las doce del mediodía.
-¡Ay, ay, Diosito, me quedé dormida!
El cansancio le había ganado a la pequeña después de estar sentada 5 horas sobre la olla tamalera.
-Mamá, ¿ya abriste la puerta?- cuando despertó, talló sus ojos, levantó la mirada y vio el mueble vacío.
En la cerradura había una llave que tenía un listón rojo atado en el orificio.
-Mamá, ¿dónde están los...- en ese momento tocaron a la puerta.
María Luisa salió corriendo de la cocina.
-Bienvenidos, pasen, por favor.
Los invitados habían llegado. Se trataba del doctor y la enfermera del pueblo. Todos los días 15 del mes, eran alimentados con el sazón de María Luisa y solamente ese día se abría la única puerta de cristal que había en la cocina.
-¡Ay, qué bonita taza!- con sus pequeñas manos, Chatita tocaba la vajilla dispuesta sobre la mesa.
-¡Deja ahí, Chatita, la vas a romper! Levántate de la mesa, ya llegaron los invitados- dijo su madre entre dientes.
Sobre la mesa había una vajilla de porcelana blanca con figuras napoleónicas pintadas a mano, los platos soperos tenían la imagen de una mujer con un cántaro sobre su hombro. Los platos extendidos, un guerrero francés montando un caballo; y las tazas, pequeños racimos de flores que parecían petunias en tonos rosa pastel.
La vajilla que María Luisa guardaba bajo llave en aquel mueble con puerta de cristal, era una herencia de su abuela materna y solo se usaba para dar de comer a visitas especiales o en celebraciones importantes como Navidad.
En casi todas las cocinas hay vajillas exclusivas para usarse en ciertos momentos, exclusivos también. Cuando se abre la puerta que resguarda tan valiosos utensilios, significa que deseamos darle la mejor de las bienvenidas a un invitado. Una vajilla, más que recipientes para poner comida, es una manera de decir: "Eres especial en la mesa de esta casa".
Chef Juan Ángel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.
