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Ebrard, renuncia al concepto de Economía Nacional

Se coloca como vocero del bloque económico que ha servido incondicionalmente al sector financiero y ahora al expansionismo geopolítico angloamericano.

Marcelo Ebrard
Marcelo Ebrard Dinero en Imagen

por Alberto Vizcarra

25/03/2026 13:52 / Uniradio Informa Sonora / Columnas / Actualizado al 25/03/2026

Por Alberto Vizcarra Ozuna

No hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Es el caso del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien no se mide en elogios al TMEC y al esquema comercial que mantiene a México en el estancamiento económico, el desempleo, la dependencia alimentaria y una violencia desenfrenada a manos del crimen organizado. Ebrard presume que el TMEC tiene una aprobación del 75 por ciento.

El índice sorprende, pero luego se explica cuando se informa  que los principales consultados fueron el Consejo Nacional Agropecuario y el Consejo Coordinador Empresarial,  y otros organismos dominados por la elite y los corporativos agro-financieros que durante las últimas décadas han disparado sus ganancias, montados en el sector externo de la economía y en las importaciones baratas de granos básicos que desplazan y descapitalizan a los productores nacionales, profundizando la dependencia alimentaria.

Previo a uno de sus últimos viajes a Washington, para poner en marcha el inicio formal de las negociaciones del TMEC, Ebrard, organizó el 9 de marzo una reunión en la Ciudad de México. Presumió el supuesto consenso nacional que aprueba la permanencia de México en el esquema comercial. Lo hizo, no obstante que, en los meses de noviembre, diciembre y enero, se registraron intensas movilizaciones de productores agrícolas y transportistas que paralizaron al país, poniendo en cuestión la viabilidad de dicho tratado y demandando la salida de los granos básicos del TMEC, para proteger la producción nacional y retomar la trayectoria hacia la autosuficiencia alimentaria.

Pero en el auditorio de Ebrard, no hay lugar para las voces que se ubican en sectores estratégicos de la economía nacional, golpeados por un esquema comercial diseñado para bombearle flujos crecientes de renta al sector financiero, soportados en la mano de obra barata de México, en su desindustrialización y en la peligrosa dependencia alimentaria.

En el mensaje del 9 de marzo - mismo que repite en toda entrevista- Ebrard hace esfuerzos considerables por tratar de encubrir su entreguismo a la geopolítica del gobierno norteamericano, con desplantes de astucia. Y le dice al auditorio cautivo: no vamos a entrar poniendo sobre la mesa los problemas como la exportación de aguacate, tomate o el mercado de exportación de la carne; "eso no es estratégico". Debemos de partir, sostiene, de que "...lo que está predominando es la intención (del gobierno norteamericano) de competir con otras regiones del mundo".

Y en eso que considera "lo estratégico", ubica la condición del país, presumiendo la dependencia como un activo, al decir que "ningún país del mundo le compra más a los Estados Unidos que México". Para luego rematar ponderando aquello que ha hecho a la nación un enclave de la relocalización de empresas norteamericanas. Se jacta de que "el 40 por ciento de lo que exportamos a Estados Unidos, tiene un componente de origen estadounidense". De los 530 mil millones de dólares que México exporta a los Estados Unidos, dos terceras partes son de empresas norteamericanas enclavadas en territorio nacional. La exportación presumida es pues una ficción.

Lo que está claro es que el gobierno de Trump le pretende meter el acelerador a las exportaciones de los Estados Unidos a México, particularmente las agroalimentarias y terminar de tomar el control sobre el sector eléctrico y energético del país.

Se puede resumir que la oferta de Ebrard en la revisión del TMEC, muestra una holgura incomparable frente a todo lo que disponga Estados Unidos en su guerra comercial contra China y en el afán fantasioso de reposicionar un mundo unipolar. No se ocupa una bola de cristal para advertir el derrotero de México si estas políticas se profundizan: se mantendrá el estancamiento económico, el creciente desempleo, la expansión de la economía informal, la dependencia alimentaria y el desplazamiento de los productores nacionales; sin dejar de considerar la intensificación de las actividades del crimen organizado que gana terreno en la medida que la economía se debilita y se desintegra.

La conducta de Marcelo Ebrard, tipifica la condición de crisis en que se encuentra la presumida élite gobernante y toda la estructura partidista de México. El secretario de Economía es parte de una forma de pensamiento adherida a una política económica disfuncional que muestra signos inequívocos de desintegración en todo el mundo occidental. El impulso hacia la guerra es la evidencia de que estamos en la utilización de los instrumentos de último recurso para perpetuar el sistema del dólar, cuyo mecanismo de paridades flotantes, ha servido para saquear a las economías nacionales y bombearle flujos de liquidez a una deuda especulativa que tiene proporciones impagables.

Lo más decepcionante de Ebrard, es que borró de su atmósfera mental el concepto de economía nacional. No habla en la representación de México; se coloca como vocero del bloque económico que ha servido incondicionalmente al sector financiero y ahora al expansionismo geopolítico angloamericano. Replica la triste condición que describe la "dialéctica del amo y el esclavo". Pondera la ventaja de ser esclavos indispensables a un amo que se propone dominar el mundo. El mismo que sabe del temor que el esclavo tiene de abandonar el conjunto de creencias que lo mantienen sometido.

Es la mejor explicación para entender la frase fatal del secretario de Economía: no podemos sustituir el TMEC porque no hay alternativas.

Desde el Valle del Yaqui, Ciudad Obregón, Sonora a 25 de marzo de 2026

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