18/05/2026 19:21 / Uniradio Informa Sonora / Columnas / Actualizado al 18/05/2026
Por @chefjuanangel
¡Agustinaaaa!
¡Mi'jita, Agustina, contesta!
¡Agustinaaaaaa!
Los papás de Agustina caminaban entre las frías calles del pueblo buscándola con lágrimas y gritos desesperados. A las pocas cuadras ya se había unido un contingente de familiares, amigos y vecinos con antorchas y lámparas de petróleo tratando de localizar a la pequeña de 7 años.
Era 24 de diciembre y la tarde ya estaba a punto de caer.
-Don Luciano, ¿no vio por aquí a mi hija?
-Hace varias horas pasó a comprar algunos encargos- contestó el tendero.
La pequeña se había fijado una meta: debía reunir mil 500 pesos para comprarse las arracadas de sus sueños, mismas que vendía Chavita frente a la plaza del pueblo.
En ese tenor, había decidido hacer mandados por encargo a cambio de unas monedas. El costo del mandado dependía de tres cosas:
1.- La distancia entre la tienda y el destino final.
2.- El tamaño del envoltorio.
3.- La simpatía que le provocara el cliente; y sin duda, las clientas favoritas eran las hermanas Federico, un cuarteto de guapas, acuerpadas, pero muy recatadas beatas y solteronas.
Ese día, la pequeña Agustina había dejado al final el encargo de las hermanas en cuestión: "medio kilo de panocha para el atole".
-Señoritas Federico, aquí tienen su encargo.
Al no recibir respuesta, la pequeña atravesó el corredor y entró a la cocina.
-¡Cierra la puerta, Ofelia!- ordenó Adelaida mientras acomodaba el último tamal en la olla, de un golpe la cubrió con la tapa y gritó nuevamente.
-¡Apúrate a cerrar la puerta, mujer!
Ofelia emparejó las puertas, atravesó una aldaba y enganchó un candado que cerró con un empujón.
-Agustina, ¡qué estás haciendo aquí mijita!
Las cuatro hermanas estaban reunidas preparando los tamales navideños, solo que había una regla inquebrantable: "puesto el último tamal, se cierra la puerta y nadie sale, de lo contrario los tamales quedarán crudos".
Esa tarde, casi Nochebuena, Agustina pasó uno de los momentos más memorables de su niñez, aprendió a preparar atole durante el encierro, luego, salió triunfante con dos docenas de tamales en mano y una arracada de oro en cada pequeña oreja, puesto que las hermanas Federico ya conocían las inocentes intenciones de la pequeña.
Las creencias alrededor de la preparación de la comida es parte de esa magia que encierra un alimento, la misma que en ocasiones te hacer sentir algo maravilloso al probarlo, de tan increíblemente delicioso que es.
Chef Juan Ángel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.
