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Misstag; currículum del desastre

Crónica íntima de decisiones conscientes que siempre llevan al mismo desastre. Lee la nueva columna de Primavera Fraijo.

Malas decisiones
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por Primavera Fraijo

25/03/2026 18:39 / Uniradio Informa Sonora / Columnas / Actualizado al 25/03/2026

Por Primavera Fraijo

Soy particularmente buena tomando malas decisiones. No equivocaciones pequeñas. Hablo de esas que, en retrospectiva, venían con luces de neón, sirenas y un coro gritando "no lo hagas".

Creo que mi top de errores sería:

1.- Volver. Siempre volver. Como si el pasado fuera una casa y no un incendio.

2.- Decir "estoy bien". Con una sonrisa perfectamente ensayada, y las manos temblando debajo de la mesa.

3.- Ignorar todas las señales. No las sutiles, sino las obvias. 

4.- Creer que el amor, o la costumbre disfrazada, va a arreglarlo todo.

5.- Responder mensajes que claramente eran mala idea. A horas donde solo existe la honestidad... y el arrepentimiento inmediato.

Y luego están esas decisiones más silenciosas. Más discretas. Las que no se cuentan en voz alta porque no caben en una anécdota.

Esas veces en las que uno consideró seriamente dejar de participar en todo esto. Salir del sistema. Apagar la luz. (Como si la vida fuera un cuarto y bastara con estirar la mano). Una de esas acciones que no se presumen, pero se quedan.

Lo curioso es que uno aprende exactamente qué le hace daño. Qué puertas no debe tocar. Qué nombres no debería pronunciar. Y aun así... Repite.

Ahí es donde entra "El túnel", de Ernesto Sábato. En esta novela, Juan Pablo Castel no es un personaje exagerado. Entiende perfectamente lo que hace y lo hace de todos modos.

No hay confusión. No hay inocencia. Solo una obsesión lúcida.

Una cadena de decisiones tomadas con plena conciencia, como si el desastre también pudiera ser un acto racional. Y eso es lo que inquieta, que a veces no nos equivocamos, elegimos.

Me gustaría decir que uno cambia. Que después de cierto número de caídas, de golpes, de ridículos emocionales, algo se acomoda. Pero no. Uno no deja de cometer errores, solo se vuelve más sofisticado al justificarlos.

Les pone contexto. Les escribe argumentos. Los convierte en historias que suenan mejor de lo que fueron.

Todos tenemos nuestro propio túnel. Ese lugar donde avanzamos sabiendo que no hay mucha luz, pero avanzamos igual. Por costumbre, por necedad, porque, en el fondo, hay algo extrañamente familiar en perdernos.

Uno no aprende de los errores. Uno los perfecciona.

 

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