El calendario de comida
Por @chefjuanangel
-¡Apúrate, Analicia, ya va a llegar!
-Ay, Martina, ya se me acabó el aire de tanto globo- respondió la susodicha que tenía el piso cubierto de globos de todos colores.
-Deja de quejarte mujer, nomás te falta una bolsita- respondió Martina.
Todo el centro de salud de la Capital del Mundo había sido limpiado y detallado en su totalidad, solo faltaba colocar un arco de globos en la entrada para recibir a tan esperado personaje.
Martina era la presidenta vitalicia del comité de salud del pueblo, bajo sus responsabilidades estaba el hacer sentir lo más bienvenido posible al invitado que llegaría de Hermosillo en pocas horas.
En la parte más alta y peligrosa de la sierra, a mitad de camino, se encontraba Estebita montado en una ambulancia esperando a la calandria para escoltar al invitado que viajaba en el camión hacia la Capital del Mundo.
A las horas, se escuchó la sirena de la ambulancia entrando al pueblo, y detrás de ella, la calandria, un camioncito rojo que transportaba gente de Hermosillo; ambos carros atravesaron la calle principal y se detuvieron frente al centro de la salud, a los pocos segundos descendió un joven de poco menos de 30 años, con un suéter azul y pantalón de mezclilla.
-¡Bienvenido, doctorcito!- gritaron las 100 almas ahí reunidas, encabezadas por Martina.
-Pase por favor- le dijo la mujer al invitado y lo dirigió al consultorio.
-Mire usted doctor, bienvenido, quiero explicarle algo muy importante- dijo Martina al invitado.
El joven médico aún asombrado por aquella bienvenida con ambulancia incluida, observaba atentamente a la mujer, y conforme le explicaba aquella situación tan importante y particular, el médico abría más y más sus ojos.
-Así que ya sabe doctor, mañana puntualito a la 1 en que la Rita de Blas- agregó Martina al final.
El doctor acomodó sus cosas en un cuarto contiguo al consultorio y se fue a dormir pensando en todo lo que habia dicho Martina.
Al día siguiente...
-Buena tarde, me dijeron que por aquí vive la Rita de Blas.
-Usted debe ser el doctorcito nuevo, miré es aquí en la esquina- le señaló un parroquiano que salía de la cantina del Pitic.
El doctor caminó lleno de vergüenza hacia la puerta, "toc toc toc".
-Pásele, doctor- dijo emocionada la Rita.
-Siéntese, por favor, ya le traigo su caldito de queso- agregó la mujer mientras se dirigía a la cocina.
-Y mañana, doctorcito, le toca aquí enseguida, en que mi comadre Virginia- dijo orgullosa.
El joven médico se empinó el plato y después lo limpió con una tortilla de harina.
-Y no se preocupe doctor, ya le dije a Virginia que no le vaya a preparar caldo de queso- agregó la anfitriona.
Al día siguiente, puntal y solícito, el joven médico estaba parado frente a la puerta de Virginia justo a la 1 de la tarde.
Una de las más grandes prestaciones que tienen los médicos en algunos pueblos de Sonora, es el calendario de comidas: cada día de la semana le corresponde a una cocinera preparar los alimentos e invitar a comer al médico pasante en turno; y es que entre más sabrosa la comida servida, más rápido son atendidas cuando van a consulta.
Chef Juan Angel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.