La banqueta sabrosa
Por @chefjuanangel
-﹐aninaaaa, auxiliooooo!
-﹔u� pas�, Anita!
-,uxilio maninaaa, est� un "robatero" en la banqueta!
La peque鎙 de 6 a隳s corr燰 por toda la casa abrazando su mu鎑ca favorita mientras repet燰 a gritos.
-|n "robatero" en la banquetaaa, un "robatero"!
Anita estaba muy asustada con aquella escena que hab燰 visto a trav廥 de la ventana de la sala mientras jugaba a la comidita.
-Manina, hay un "robatero" afuera. –enga r嫚ido!
A paso lento y seguro, Carmelita dej� el quehacer en la cocina y camin� hacia la ventana, desliz� la cortina y vio a un hombre sucio, barb鏮, de cabello largo y oscuro, vest燰 pantalones de mezclilla rasgados, su su彋er era una cobija, su maleta: un viejo costal de harina.
Carmelita cerr� la cortina y camin� hacia la puerta principal.
-No, manina, no abras, le tengo miedo al "robatero"- grit� Anita muy asustada.
-Buen d燰, 瞠st� todo bien?- pregunt� Carmelita al hombre.
-Oiga, jefita, hace tres d燰s que no como, 篙endr� trabajo?, le puedo deshierbar el patio o le barro aqu� afuera- contest� el hombre desesperado con sus ojos llenos de l墔rimas.
-Mire, le voy a pasar una escoba para que barra muy bien, sobre todo debajo del 嫫bol debe quedar muy limpio- orden� Carmelita y regres� a la cocina.
En el extremo norte de la ancha banqueta que enmarcaba la casa de Carmelita, hab燰 un 嫮amo que diariamente cubr燰 la calle con hojas. Junto al tronco de aquel arbolote de casi 20 metros hab燰 una vieja mesa de pl嫳tico con patas de madera; el hombre abri� el costal y despu廥 de buscar desesperadamente, sac� un grueso calcet璯, lo sacudi�, dobl� y pas� por encima de la mesa retirando hojas y polvo.
Anita lo ve燰 atentamente a trav廥 de la ventana de la cocina, cuando el hombre termin� de barrer, se sent� en la banqueta junto a la mesa, jal� el costal y sac� una mu鎑ca muy parecida a la que ten燰 la ni鎙, la acomod� sobre la mesa y comenz� a hablarle.
-熹ui幯 es la cosa m嫳 hermosa que hay en el mundo?
Mientras tanto, Anita abrazaba a su mu鎑ca m嫳 fuerte -﹐anina, el "robatero" tiene una mu鎑ca como la m燰!- dijo asombrada.
-Comp嫫tele una de tus tacitas de t� para que le d� a su mu鎑ca- orden� cari隳samente la mujer.
La peque鎙, a�n temerosa, no se animaba a salir.
-,nita, 墎reme la puerta, anda!, pidi� su manina; la mujer cargaba una caja y una silla de madera.
-Si幯tese aqu�- indic� al hombre y le pas� la silla, luego puso la caja sobre la banqueta, sac� un mantel, lo acomod� sobre la mesa, dispuso un vaso de cristal, una taza, una servilleta de tela, un salero y un par de cubiertos plateados.
El hombre tom� su mu鎑ca y la abraz� mientras observaba extra鎙do.
-﹔u� bonito mantel! 燄a a haber fiesta?- cuestion� a Carmelita; la mujer sonri�, se meti� a su casa y sac� una charola que conten燰 un plat鏮 alargado, la mitad estaba cubierto de barbacoa con trozos de papa, el resto ten燰 verduras con mantequilla, frijoles refritos y dos birotes calientitos; a un costado del plato hab燰 una jarra con agua y un termo con caf� caliente.
Aquel hombre comenz� a llorar a c嫕taros, le parec燰 incre燢le lo que estaba pasando.
-Provecho, buen hombre, si quiere m嫳 comida, me toca la puerta- dijo Carmelita y se meti� de nuevo a la casa.
El sujeto tom� la mu鎑ca, la santigu� y sent� a un lado del plato, luego comenz� a comer disfrutando cada bocado que llevaba a su boca.
A los breves minutos, sali� Anita y le llev� una tacita de t� a la mu鎑ca.
-激s suya?- pregunt� la peque鎙.
-Es de mi hija, me est� esperando en Michoac嫕- respondi� el hombre mientras com燰.
Por la banqueta de Carmelita, en Nogales, Sonora, desfilaron muchas historias de migrantes que se quedaban atrapados en la frontera con la esperanza de poder regresar a sus lugares de origen.
Ese d燰, Anita aprendi� que el hambre no es solamente la falta de alimento; el hambre siempre tiene una historia, y ser consciente de ello nos har� m嫳 emp嫢icos con el pr鎩imo.
�
Chef Juan 聲gel V嫳quez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos�gastron鏔icos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.