Columnas

El día que dejé de explicarme

A veces, existir en silencio también es una forma de resistencia. La nueva columna de Primavera Fraijo.
Enfermedades invisibles. Archivo
Primavera Fraijo 05-02-2026

Por Primavera Fraijo

Tener una enfermedad invisible es tener que explicarme mucho, constantemente.

Desde describir una y otra vez en qué consiste tu padecimiento, hasta justificar varias cosas de tu día a día que no entran en la normalidad.

El fin de semana pasado llegué más de una hora tarde al concierto de una de mis bandas favoritas. Mi pretexto por mi demora no era nada creíble. Peor aún, en caso de que sí confiaran en mi argumento, solo desgastaría más mi imagen ante mis amigos.

Seamos sinceros, es mucha la desconfianza que existe para las personas que sufren de enfermedades de salud mental.

Así que, a ratos, decido dejar de explicarme.

A veces, digo la verdad completamente directa y cruda. Pero los demás piensan que estoy bromeando y se ríen.

Otras ocasiones, le saco la vuelta a mi realidad y platico algo diferente. ¿Eso es mentir? Yo creo que, más bien, es descansar de tanta exposición... De repente, siento que me estoy disculpando por existir, por ser de esta manera. Una manera que yo no elegí.

Es agotador traducirme constantemente para los demás. Quisiera que solo me dejaran ser. Con mi oscuridad, con mis silencios, con mis demoras inexplicables, con mis ausencias constantes, con todo lo que en mí habita.

Por eso suelo encontrar refugio en los libros, porque no me exigen coherencia ni versiones digeribles. 

Pienso, por ejemplo, en "El mundo amarillo", de Albert Espinosa. Escrito desde la fragilidad, desde el cuerpo y la mente que fallan. Desde la certeza de que sobrevivir también cansa. 

En su narrativa lleva la aceptación de una vida atravesada por la enfermedad, sin pedir permiso ni disculpas. Leerlo es entender que no todo tiene que ser explicado para ser válido.

Si soy sincera, por eso escribo. Para no tener que justificarme tanto. Para dejar constancia de que existo así, con mis sombras, con mis días torcidos y mis silencios largos. No para ser comprendida por todos, sino para recordarme que no tengo que pedir perdón por ser.

Y, aunque el mundo siga exigiendo respuestas, yo empiezo a permitirme el descanso de no darlas todas. De quedarme. De ser. Incluso... así. 

 

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