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La fiesta de Filiberto

Diviértete leyendo la nueva columna de Chef Juan Ángel.
Pastel Archivo

Por @chefjuanangel                         

-Shhh, guarden silencio, ya va a empezar.

Filiberto abrió un sobre amarillo y desdobló las hojas contenidas en su interior...

-"Mi'jitas, no quiero que se peleen por las milpas, los cochis y las vacas; todo eso, junto con nuestra casita, se lo voy a dejar a mis nietos para sus estudios. A ustedes les regalaré cosas que las hagan felices..."

Las tres hijas ahí reunidas se miraban entre sí desconcertadas. Filiberto, el mejor amigo de la difunta María Elena, continuó leyendo...

"A Jesusita, mi hija más pequeña, le heredo mis arracadas de oro, la vitrola y los 48 discos para que siga cantando y bailando como a ella le gusta".

"A la Pinita, le dejo mis tubos para el cabello, todas las peinetas, la talquera y los coloretes. Para que luzca guapa como tanto le gusta".

"Anabel, a ti te voy a dejar la caja huevera atada con piola que está en el cuarto de los tiliches".

Anabel era la hija más pequeña, la única que seguía sus pasos en la cocina, ella era la heredera de la gran sazón de María Elena.

Pasados los días, Anabel decidió, por fin, sacar la caja para revisar su contenido. 

Cuando la vio, se dio cuenta que llevaba ahí varios años; después de desempolvarla, desató el nudo y comenzó a sacar moldes, charolas, una batidora manual, y al fondo una nota: "Mi'jita, ve con Filiberto y dile que te cuente sobre su fiesta. Te amo, tu mamá Nena". 

Sin esperar más, caminó al abarrotes de don Filiberto. 

-Ja, ja, ja, ja, ja- cuando Anabel preguntó, éste soltó tremenda carcajada llena de nerviosismo. 

-Mira, Anabel, yo siempre platicaba con tu madre de una fiesta de XV años con pastel de pisos que siempre soñé, pero la gente luego iba a empezar con habladurías- dijo el hombre de 69 años.

Anabel reunió a sus vecinas de la colonia centro de Nogales, Sonora; era el invierno de 1971. Al cabo de un mes, ya estaba todo listo, aun contra las habladurías del pueblo. 

Mercedes había regalado la comida, Bernabé prestó su corral para la fiesta, y Esther -la costurera- diseñó un vestido para Filiberto. 

En ese momento Anabel entendió el contenido de la caja, siguiendo la receta de su madre, cocinó y decoró un pastel de 5 pisos color verde pistache.

Cuando Anabel vio entrar a Filiberto con tremenda cara de felicidad caminando entre los aplausos de la gente rumbo a la mesa del pastel, sintió una extraña, nueva y placentera sensación y orgullo. La herencia de Nena se había completado.

 

El sentimiento de alegría que genera cocinar un alimento para compartirlo, es una de las experiencias más placenteras del ser humano, ya que recibir la sonrisa del comensal no tiene comparación. Por eso la cocina es mágica: genera felicidad y la recibe de vuelta a montones.

 

Chef Juan Ángel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.

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