La visita del Obispo
Por @chefjuanangel
-Maleno, tráeme la olla grande de peltre.
-¿La grandecita o la más grandota?
-¡Ay, hombre! Es para el Señor Obispo, ¡la olla más grande!
Siguiendo las órdenes de Chalía, el susodicho fue al cuarto de los tiliches que estaba junto al corral, sacó la olla y la enjuagó con agua fresca del lavadero.
-Maleno, necesito 20 pesos para pagarle a mi comadre Martha.
-¿De qué le debes tanto, mujer?
-Pues, del vestido que le mandé a hacer para llevarle la comida al Señor Obispo.
El tema de moda en la Capital del Mundo era "La llegada del Señor Obispo". Todo se estaba preparando para que la visita tan esperada recibiera las mejores atenciones: se barrieron los rincones más recónditos de calles y avenidas, se colgaron cordeles de colores por lo alto, además de una tela blanca con flores pinceladas a mano que pendía en lo alto de la calle principal, sujetada con piolas de los árboles más cercanos, al centro decía "Es más que bienvenido Señor Obispo".
Dicha bienvenida tomaba en cuenta principalmente los bocadillos, comidas y cafés que se le ofrecerían al visitante.
Ese año, la seleccionada para preparar el plato principal de la noche era la Chalía de Maleno, una de las más grandes cocineras que ha dado la Capital del Mundo, con una sazón que te hacía saborear un alimento sinfín.
La cena era organizada por la Mariíta, una de las beatas más populares de la parroquia.
¡Ah, pero olvidamos la parte más importante! La persona que preparaba la cena durante las giras episcopales se sentaba junto al obispo para cenar.
-¡Ay comadrita, qué bonito te quedó mi vestido!- dijo Chalía mientras se lo media frente al espejo del ropero. Muy temprano, Chalía fue al rastro por la carne, compró unas verduras, recogió unas ristras de ajo, después fue por el vestido de la noche y de inmediato corrió a preparar la cena.
-Maleno, ven a probar la carnita, parece que ya está- dijo Chalía con su vestido largo color negro repleto de flores rojas y amarillas.
-¡Ay, jodido, mujer!, se va a chupar los dedos el Obispo- dijo emocionado, cuando sacó la cuchara de su boca.
-Buenas noches, Señor Obispo.
-Buena noche, Chalía, gracias por preparar la cena- contestó el clérigo.
Había 40 personas en una mesa larga que atravesaba el corredor y salía al patio en casa de Mariita.
Cuando sirvieron los platos de barbacoa y llegaron a todos los comensales, Chalía se llenó de vergüenza y prefierió no comer, le apenaba el hecho de hacerlo junto al Señor Obispo y ante tanta gente que no estaba acostumbrada, además.
Temía cometer algún improperio mientras comía. Creía que no estaba a la altura para ingerir los sagrados alimentos junto a los invitados.
Comer es el acto más natural, placentero y orgánico del mundo; sin embargo, lo hemos complicado demasiado, al grado de crear temores innecesarios. Cuando vas a una comida fuera de lo común, no tienes por qué avergonzarte de la manera en que comes; y al comer, no pretendas ser alguien más, eso sí, no esta mal echar un vistazo a nuestro alrededor o preguntar cómo se hace de la mejor manera.
Chef Juan Ángel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.