La estética de parecer misteriosa cuando solo estás cansada
Por Primavera Fraijo
Hay algo seductor en que te digan que eres misteriosa. Que hablas poco. Que miras fijo. Que pareces estar pensando algo trascendental.
La verdad suele ser menos estética.
No estoy descifrando el sentido de la vida. Estoy haciendo cálculos mentales para no colapsar en público.
Hemos convertido el silencio en una cualidad. Si no sonríes mucho, eres interesante. Si no explicas tu vida, eres profunda. Si te vas temprano, eres inalcanzable.
Vivimos en la época donde todo se narra. Todo se sube. Todo se comparte. Y quien decide callar, adquiere un aura automática de personaje complejo.
Lo curioso es que incluso el cansancio lo hemos estilizado. Las ojeras son "cool". La introversión es estrategia. La distancia emocional es "branding".
Y ahí es donde entra la literatura, no para romantizar, sino para desenmascarar.
En "Mi año de descanso y relajación", de Ottessa Moshfegh, la protagonista lleva el agotamiento al extremo. Decide medicarse durante un año entero para no sentir, no participar y no rendirle cuentas al mundo. No hay glamour. No hay iluminación espiritual. Hay apatía. Hay privilegio. Hay una incomodidad brutal.
Y lo más interesante es que no intenta justificarla. ¡Lo mucho que envidié a la protagonista!
La autora no convierte el aislamiento en mística. Lo exhibe. Lo deja ser desagradable. Egoísta. Humano.
Eso me parece más honesto que la narrativa aspiracional de "protege tu energía" con tipografía bonita.
Porque no todo hermetismo es sabiduría. No todo silencio es profundidad. No toda mirada lejana está pensando algo brillante. A veces, solo estamos cansados de aparentar estabilidad.
Puede ser que el verdadero gesto radical no sea parecer enigmáticos... Sino admitir que no tenemos ganas de ser interesantes todo el tiempo.
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