21/09/2026 19:50 / Uniradio Informa Sonora / Columnas / Actualizado al 21/09/2026
Por @chefjuanangel
-¡Me da un kilo de tortillas!
-Ahí voy.
¡Buen día, me da un kilo de tortillas por favor!
-Ay, tatita Dioooos, ahí voy.
-¿Que no atiende nadie aquí? ¡Nomás quiero un kilo de tortillas!
Eran las 7 de la mañana en punto, la fila en la Tortillería de Paquita ya daba la vuelta a la cuadra.
-¡Marielenaaaa, dónde estás mujer!- grito Francisca, jefa y propietaria de la aclamada tortillería.
-¡Marielenaaaa, sal para que atiendas- ordenó de nuevo Paquita mientras echaba maíz nixtamalizado al molino.
Al fondo del negocio había un cuartito donde almacenaban los granos secos de maíz, ahí se encontraba Marielena.
-150, 155, 250, 300, 500 pesos. ¡Ayyy ya mero me alcanza!
Sobre el piso del almacén, Marilena tenía montonsitos de monedas bien acomodadas que estaba contando y sumando.
-¡Marielena! Ya estás de nuevo contando el dinero, si lo acabas de contar ayer mujer- dijo Paquita al abrir la puerta del cuarto donde estaba la susodicha.
-¡Ya deja ahí! Sal para que atiendas a la gente- ordenó su jefa.
Desde hacía 5 meses, Marielena se había propuesto ahorrar $550 pesos para llevar a comer a su familia.
-¿Y cómo crees que sea la comida esa?- le preguntaba a diario a Paquita, quien la veía cada vez más emocionada.
-¡Ay, Marielena!, pues a qué va a saber, pues a quesadilla!- le decía su jefa cada vez que salía el tema a colación.
Ella había colocado una cajita forrada con papel de regalo junto a la báscula de las tortillas, encima del mostrador; y junto a ella, un letrero que decía "Propina", su jefa le había dado permiso con tal de que juntara los tan anhelados $550 pesos para que dejara de hablar del tema.
Todos los días, a cada hora, platicaba emocionada.
-Y acabo de ver en una película donde se la estaban comiendo muy sabroso-, sin embargo, Marielena nunca la había visto en vivo, solo por pláticas de algunos clientes o a través de su televisor blanco y negro, lo cual, le impedía conocer los colores reales de aquel antojo novedoso.
Al día siguiente...
-¡Paquitaaaaa, Paquitaaaaaa!- Marielena corrió y abrazó a su jefa, con lágrimas gritaba. -¡Alguien me dejó 50 pesos de propina!
Muy temprano, cuando Paquita abrió la tortillería, sacó 50 pesos de su monedero y los depositó en la hendidura de la cajita de propinas; y aunque ella tampoco había probado aquella novedad, se emocionaba con el hecho de saber que Marielena cumpliría el sueño de llevar a comer a sus 3 hijos, quienes tambien la probarían por primera vez.
Y llegó el gran día...
-¡Qué elegancia la de Francia!- dijo Paquita al ver llegar a Marielena.
-Es que hoy llevaré a comer a mis hijos- respondió emocionada.
Ese día, se había peinado diferente, traía zapatito de tacón y una blusa floreada que solamente usaba en ocasiones especiales.
En cuanto dieron las 3 de la tarde, se quitó el mandil y salió corriendo, fue por sus hijos y al cabo de una hora ya estaban sentados leyendo el menú del restaurante.
-¡Ay, mamá, hay de muchos sabores!- gritó emocionado el pequeño Leonel.
-¿Les puedo tomar la orden?- dijo el mesero.
30 minutos después, llegaron a la mesa cuatro charolas. Todos se quedaron perplejos al ver la cantidad de comida.
-Es que la Paquita me dijo que eran como quesadillas- exclamó Marielena mientras disfrutaba con los ojos volteados, una rebanada de pizza de pepperoni. Era 1989, la primera vez que su familia vió, probó y disfrutó la pizza en "Los 20", una de las primeras pizzerías de la capital sonorense.
Visualizar un antojo y ahorrar para hacerlo realidad conlleva una de las más grandes emociones de nuestra vida. El primer refresco, taco, golosina o antojo comprado con el fruto de nuestro esfuerzo será siempre una de las mejores experiencias gastronómicas de nuestra vida.
Chef Juan Ángel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.
