Ojalá te vaya mal
No es un pensamiento bonito, ni correcto, ni compartible en voz alta sin que alguien te mire raro. Pero ahí está. A veces, muy en el fondo... quiero que te vaya mal.
No arruinarte la vida. No destruirte. Solo lo suficiente para que algo se rompa. Para que algo te duela. Para que entiendas.
Porque hay cosas que no entran con consejos, ni con amor o con paciencia. ¡Entran con golpe!
Nos enseñaron a desearle bien a todos. A aplaudir, a sostener, a decir "todo va a salir bien" aunque sepamos que no siempre es cierto.
Como si el dolor fuera un error del sistema. Pero no. El dolor educa.
Mal, brutal, sin tacto... Pero educa. (Qué feo admitirlo).
Hay gente que solo cambia cuando se le cae algo encima. Cuando pierde. Cuando la vida le quita el piso y lo deja viendo el techo preguntándose en qué momento.
Y no, no es justicia divina, karma, ni destino poético. Es la realidad haciendo su trabajo sucio. Por eso, cuando pienso "ojalá te vaya mal", no siempre es odio. En ocasiones, es desesperación.
Es haber intentado explicarte, haberte visto repetir lo mismo, saber exactamente cómo va a terminar y entender que no me vas a escuchar.
Entonces sí, ojalá te tropieces. Porque yo ya no puedo hacer más. Y entonces vivimos en esta contradicción absurda: anhelar que la gente que queremos no sufra, pero saber que, si no lo hace, probablemente no cambie.
Qué cosa tan jodida.
Tal vez por eso me obsesiona tanto ese tipo de historias donde nadie sale limpio. Como "Las malas", de Camila Sosa Villada.
Un libro que duele rico. Nos mete de lleno en la vida de un grupo de mujeres trans de Argentina.
Hay violencia, hay pérdida, hay identidad construida a golpes y, aun así, algo florece. No porque debía, sino porque no había otra opción.
Y ojito ahí, bebés: generalmente, crecer no es una decisión. Es una consecuencia.
Leer la novela es asomarte a ese tipo de dolor que no puedes corregir con consejos bien intencionados. Ese que simplemente pasa y te cambia.
Puede ser que cuando digo "ojalá te vaya mal", también me lo estoy diciendo a mí. Porque sé que hay partes de mí que todavía no entienden. Que siguen esperando no tener que aprender por las malas.
Y no hay nada elegante en eso.
Solo humano.
A mí me encuentras en redes sociales como: @PrimaveraFraijo