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Economías dispares: México-Japón

Hay que tener cuidado con las lecturas engañosas que conducen a conclusiones erróneas.
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Por Germán Lohr Granich

Alguien por ahí comenta que las estadísticas son como los bikinis, enseñan casi todo, pero ocultan lo esencial. 

Dicho comentario viene como anillo al dedo, diría el clásico, al revalorarse por parte de la OCDE cifras respecto al desempeño del empleo en el mundo, donde México y Japón fueron de las economías con menores tasas de desempleo.

Por supuesto que los corifeos de la 4T han festinado el dato a lo largo y ancho del país como logro importante de las políticas públicas.

Pero bueno, el hecho de que haya coincidencias en el dato no quiere decir que un globo hace la fiesta ni mucho menos, por lo que es necesario revisar más a fondo de qué se trata, ya que una tasa de desempleo por sí sola no refleja la salud del mercado laboral.

En cuanto a la seguridad del empleo, es necesario comparar niveles de ingreso, prestaciones sociales, grados de formalidad e informalidad entre otras cuestiones.

Este porcentaje a secas solo refleja a los que buscan trabajo activamente en un determinado momento, para lo cual hay que ver algunas consideraciones y contrastes entre ambas economías.

Japón por ejemplo es una de las economías más longevas del mundo, con una demografía contraria a la nuestra, esto es un país de viejos y uno de jóvenes a la fecha.

En el primer caso, el bajo desempleo tiene mucho que ver con la demografía, ya que el envejecimiento poblacional reduce la oferta de trabajo generando problemas estructurales en varios sectores de la economía nipona.

Estamos hablando de un mercado formal, a diferencia de nosotros, donde la informalidad ronda casi el 60%, es decir, uno de cada seis es informal. En este país del sol naciente los niveles de salarios son estables, contrario a los despidos que suelen ser costosos.

Suelen, además, dada su cultura organizacional, ser empleos muy competitivos, estresantes, asociados con el sobre trabajo, lo cual en México prácticamente se puede decir que son todo lo contrario.

A la luz del poco crecimiento económico de los 7 años seguidos de vacas flacas, la informalidad sigue creciendo y el número de patrones retrocediendo en los últimos años, pésele a quien le pese diría otro clásico.

Inseguridad en las calles, extorsión, falta de certeza jurídica, mal manejo del gasto público, desconfianza, son asuntos que nos traen de cabeza un día sí y otro también.

No debemos dejar de lado el empleo precario, la inestabilidad salarial, el autoempleo, que hacen que se mantengan bajas las tasas de desempleo junto con la baja productividad que no ha crecido en décadas.

En pocas palabras, el hecho de que coincidan sus tasas no quiere decir que sus mercados sean similares, ya que el éxito económico suele ser un buen indicador de éxito y acá sube el cero y no toca.

Luego entonces hay que tener cuidado con las lecturas engañosas que conducen a conclusiones erróneas al verse de manera simplista, cuando la realidad laboral es algo más que compleja en cuanto a mediciones se refiere.

Reducir a un solo indicador la salud del mercado laboral es insuficiente aparte de riesgosa si queremos ver la película completa y en consecuencia no queda otra que meterse a fondo antes de echar las campanas a vuelo.

Como diría Heráclito de Éfeso, ningún hombre se baña dos veces en el mismo río, porque ni el río es el mismo ni el hombre es el mismo, así pasa con la estadística y con los bikinis.

HE DIXI.

 

 

 

 

 

 

 

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