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El maleficio

Descubre la nueva columna de Chef Juan Ángel.
Azucarera Archivo

Por @chefjuanangel

-¡Chalito! ¿La tocaste? ¡Se te va caer la mano!

-¡Pero nomás la rocé con un dedo! 

-Con eso es suficiente para que se te caiga la mano.

Chalito veía con detenimiento su mano derecha, mientras movía los dedos para asegurarse de que todo estaba bien.

-Mira, Chalito, en pocos minutos se te congelará la mano y dejarás de sentirla- agregó Dario.

Su mamá les había advertido que no debían tocar aquel objeto antiquísimo, puesto que contenía un maleficio que congelaba cualquier parte del cuerpo que lo tocara.

-¡Ay, Darío, ya no estoy sintiendo los dedos!- Chalito comenzó a gritar desesperadamente, mientras corría por toda la casa llorando a borbotones.

-No grites, nos va descubrir mi mamá- advirtió el pequeño. 

-¡Tía, perdóneme, yo no quería tocarla, se me está congelando la mano! ¡Ayuda!- gritaba a Fermina, hermana mayor de su madre y mamá de Darío. 

Fermina era una mujer corpulenta, alta, siempre portaba dos largas trenzas enrolladas sobre su cabeza y labios color carmín. A diario vestía unos largos batones coloridos que bailaban al ritmo del viento. 

-¡Es muy tarde para romper el hechizo!- gritó Fermina desde el fondo del patio. 

Chalito se aventó sobre el piso y comenzó a patalear desesperadamente. 

-¡No me quiero morir, no me quiero morir!- gritaba asustado el pequeño de 8 años. 

A un costado del comedor, Fermina tenía una vitrina de caoba con vistas chapadas con hoja de oro, sus puertas de grueso cristal dejaban al descubierto las muchas curiosidades que guardaba en su interior, pero lo que más resaltaba era una azucarera de porcelana color azul rey.

Aquel hermoso recipiente de forma redonda con base y patas de plata, tenía una tapadera con detalles florales que daban forma a la agarradera que permitía destaparla. 

-¡Les he dicho muchas veces que no deben tocar la azucarera de Carlota!- advirtió Fermina. 

-Tía ayúdeme, le juro que no lo vuelvo a hacer- dijo envuelto en lágrimas. 

-Miren, solamente se puede usar una vez el hechizo salvador- dijo señalando el recipiente. 

-En el interior de la azucarera hay un escrito que debes leer para revertir el daño- continuó Fermina.

De inmediato, Chalito se levantó y corrió al trastero, tomó la azucarera con ambas manos, la puso sobre la mesa y levantando la tapadera extrajo un papel amarillento donde con letra cursiva decía: "Esta azucarera fue de Carlota, tiene mucho valor sentimental. Hagan lo necesario para que se conserve intacta".

Ferminahabía inventado aquel hechizo para proteger la azucarera que su tatarabuela le había heredado, y con justa razón, puesto que era de la misma Carlota de México, esposa del emperador Maximiliano. En esa familia real, su tatarabuela había sido primera dama de Carlota.

En cada familia hay un utensilio heredado o regalado que tiene gran valor sentimental, tanto, que a veces preferimos no usarlo para evitar una desgracia.

 

 

Chef Juan Ángel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.

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