La comida cuadrada
Por @chefjuanangel
-¿Supiste, Adelaida?
-¡Sí, comadrita!, ¿qué son esas cosas que va dar la Martina?
-Yo tampoco entiendo, comadre Adelaida.
-¡Vi que llegaron con unas cajas hace rato, dicen que "ai" llevaban la comida!
-Sí, me dijeron que andaba la Yanita muy apurada acarreando cajas del pick up de su papá.
Jesusita y Adelaida caminaban a paso veloz y apretado hacia la Iglesia. Eran casi las seis de la tarde, hora del Rosario.
-Comadre Jesusita, ¿y supo que la loca de la Martina agarró un balde y se fue al río por unos berros?
-¡Es que yo no entiendo cómo van a dar esas cosas a la gente!
Era 02 de noviembre de 1960. Faltaban pocas horas para la gran fiesta de San Martín de Porres. Pero la de mayor relevancia no era la fiesta parroquial donde sacaban en procesión al santo en cuestión, la fiesta de mayor relevancia y envergadura era la de Martina, o Martinica, como le decía Martín, su papá, quien cada 03 de noviembre preparaba ollas de caldo de gallina para alimentar a todo el pueblo en medio de un gran baile donde celebraba a su hija favorita.
Ese año, era el festejo número 17, pero Martinica, la cumpleañera, había decidido cambiar el acostumbrado menú por consejo de su mejor amiga la Yanita, quien se creía gringa por haber trabajado durante tres meses en los Estados Unidos. Su nombre de pila era Juana Concepción del Pilar Mendoza Figueroa.
-¡Yanita, qué montón de cajas me "trajites"!
-"Jelouuu", Martina, "jaguar, yú".
Martina venía llegando con dos baldes repletos de berros recién colectados en la cañada.
-A ver Yanita, enséñame lo que me "trajites"- dijo emocionada Martina.
Inmediatamente, Yanita tomó un cuchillo y rompió las cuerdas que ataban las tres cajas.
Cuando abrió la tapa, salió el aroma tan característico.
-Ay, qué bonito, me gusta mucho, es cuadradito.
De inmediato, se pusieron en acción: atizaron, cortaron carne en trozos y la colocaron a hervir.
A la mañana siguiente, la carne se convirtió en un paté que untaron sobre las rebanadas de pan de barra que había traído Yanita. Luego, les pusieron berros y formaron sándwiches que ofrecieron por la tarde en la gran fiesta.
-¿Qué es esto? Parecen esponjas de la talquera.
-¡Están crudos, mira qué pálidos se ven!
Los invitados olfateaban y observaban con detenimiento los sándwiches, hubo quienes mejor los dejaron de lado y prefirieron no comerlos, sin embargo, la mayoría los devoró en cuatro mordidas.
Cuando apareció el pan de barra en la Capital del Mundo, generó un revuelo que puso de cabeza a todos los paladares, quienes lo probaron por primera vez esbozaron una sonrisa propia de quien da la oportunidad a un nuevo alimento.
Cada vez que despreciamos un platillo desconocido, nos negamos la oportunidad de disfrutar nuevos sabores y, lo peor de todo, es que permanecemos en la ignorancia.
No debemos olvidar que comer es igual a leer un libro.
Chef Juan Ángel Vásquez - Licenciado en Periodismo y chef profesional, creador de contenidos gastronómicos para plataformas digitales y embajador de marcas de alimentos.