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El club secreto de las personas que cancelan planes

Una defensa íntima de ese placer adulto que pocos admiten: ¡cancelar planes! Lee la nueva columna de Primavera Fraijo.
Quedarse en casa. Archivo
Primavera Fraijo 12-03-2026

Por Primavera Fraijo

Hay un momento muy específico en la vida adulta en el que uno descubre un placer secreto: ¡cancelar planes!

Te invitan a salir. Dices que sí... porque eso hacen las personas funcionales. Luego llega el día y algo dentro de ti, una voz pequeña y honesta, susurra "no quiero ir".

No es que no quieras a la gente. No es que seas antisocial. Es solo que, a veces, la vida ya fue demasiado durante el día.

Las conversaciones. La luz. El ruido. La obligación de ser alguien... Quedarse en casa empieza a sentirse como un lujo.

Hay quien piensa que cancelar planes es un defecto de carácter. Yo sospecho lo contrario, que es una forma de honestidad.

Porque durante muchos años aprendimos a decir que sí a todo. Hasta que un día entendemos algo simple. Que el tiempo también es un espacio íntimo. Y no todo el mundo merece estar ahí.

Existe, aunque nadie lo diga en voz alta, un club secreto. El club de las personas que cancelan planes.

Sus miembros se reconocen entre sí sin necesidad de palabras. Son los que suspiran de alivio cuando la otra persona escribe primero: "¿Lo dejamos para otro día?"

Son los que saben que la mejor noche del mundo puede consistir en una taza de café, una luz tenue y un libro abierto. O habrá quienes prefieran las pantallas antes que la lectura.

Porque mientras otros salen a buscar algo que los distraiga de sí mismos, hay quienes optan por quedarse. Leer. Pensar. Desaparecer un rato.

En un mundo obsesionado con la productividad social, permanecer en casa puede parecer una derrota. Pero es justo lo contrario. Es la manera más elegante de volver a uno mismo.

Y si alguien necesita una excusa literaria para hacerlo, aquí va una recomendación perfecta: "La dependienta", de Sayaka Murata.

La novela cuenta la historia de una mujer que ha encontrado su lugar en el mundo trabajando en una tienda de conveniencia. Nada espectacular. Nada épico. Solo una rutina tranquila que a ella le funciona, aunque todos a su alrededor insistan en que debería querer otra vida.

El libro habla, en el fondo, de algo que pocas veces admitimos, que no todos queremos lo mismo. 

Algunas personas quieren fiestas. Otras quieren silencio. Algunos quieren multitudes. Otros preferimos pertenecer, discretamente, a ese pequeño club invisible de gente que, cuando llega la noche, mira el teléfono... cancela el plan... y se queda en casa leyendo.

Sin culpa.

Y con una paz difícil de explicar.

 

A mí me encuentras en redes sociales como: @PrimaveraFraijo

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